Un inversionista compra confianza
Muchos fundadores creen que lo que se evalúa es la idea o la tecnología. Pero una startup puede tener una gran tecnología y perder fuerza si no puede demostrar que controla sus activos.
Por eso conviene pensar en la empresa como un segundo producto: el que se presenta a inversionistas, aliados estratégicos y futuros compradores. Ese producto también se diseña con cuidado.
Dónde está el valor que no se puede tocar
En una startup, buena parte del valor es intangible. Una buena idea puede copiarse; una organización que controla y documenta sus activos es mucho más difícil de replicar.
- El software, el código y los algoritmos.
- El diseño y la experiencia de usuario.
- La marca con la que el mercado reconoce el proyecto.
- Los datos, la información estratégica y los procesos.
- Los acuerdos entre fundadores y los contratos con desarrolladores.
- Las licencias de herramientas y componentes que usa la plataforma.
Un ejemplo común: tres fundadores y una agencia
Una persona tuvo la idea, otra programó, una tercera consiguió los recursos y una agencia diseñó toda la identidad visual. Mientras el proyecto avanza, nadie se detiene a formalizar quién es dueño de qué.
El día que llega un inversionista, esas preguntas aparecen de golpe. Tener las respuestas documentadas antes de esa conversación cambia por completo la posición de la startup.
Las preguntas que probablemente hará un inversionista
Conviene responderlas antes de la primera reunión, no durante la negociación.
- ¿Quién es propietario del código?
- ¿La agencia cedió los derechos del diseño?
- ¿La marca pertenece a la empresa o a uno de los fundadores?
- ¿Existen acuerdos entre los fundadores?
- ¿Quién controla los dominios, los repositorios y las bases de datos?
- ¿Los desarrolladores trabajaron como empleados, proveedores o socios?
